miércoles, julio 18, 2007

Carta de amor

Soy a imagen y semejanza. Soy el espejo (el reflejo) de un sin fin de atractivos bocetos o mamarrachos con ligeros destellos de "algo". Ese "algo" es variable, independiente uno de otro, pero respondiendo siempre a ciertos parámetros. Evidentemente no llego a reconocerlos todos, y hasta es posible que no distinga a ninguno. De lo que si estoy seguro, es que no hay hoy en mí, nada que no haya en algún otro. Sin embargo es esencial destacar que la articulación de todo eso es propia.

Yo decido cuanto de él aprovecho, o cuanto de ella tomo prestado. No será mi risa (la original risa) de la misma persona de la que es mi llanto. Como así tampoco son mis suspiros arrebatados de a quien le extraje los gritos. La melancolía es de un señor mayor, la picardía de un niño. Los comentarios agudos son de mi madre, y los obscenos de algunos amigos íntimos. La forma de caminar es de varios íconos populares (incluyendo a la Pantera Rosa). Son mis manos torpes como las de mi hermano, y mi elegancia es la de cualquier aspirante a... Mi aprecio por lo bueno es tan subjetivo como el del propio ser humano, y mi repulsión a lo desagradable, como la de la mayoría. Mis miedos son impuestos, mis sueños aconsejados. Mi amor... y de esto se trata... mi amor por vos, no es la excepción.

No fui yo quien te descubrió, ni fui yo quien te destacó. No te vi hermosa por primera vez, ni magnífica, ni perfecta. No te amé primero, ni te amo hoy sólo... No te entendí sin ayuda, ni te gozo en soledad. Pero la selección, el ensamble de las porciones... eso si corre por mi cuenta.

Es por todo esto, que mucho no entiendo.

No entiendo que me atrajo, no descubre cual es aquel "algo"... pero creo intuir, y es esta mi declaración formal, que seguramente algo me habías gustado.

lunes, julio 16, 2007

Recuerdo enterrado

Un recuerdo de todos los que tengo, una vieja historia, se viene entrometiendo entre mis fantasías. Sin previo aviso, algo fastidiosa tal vez, orada mi mente y consigue que le ceda terreno. Formalmente la invito a pasar... realmente me conquista a su paso.
Pienso entonces, cuando puedo, como revertir esta situación. Si bien hoy la anécdota me produce algún placer, se que es casual... que tiene carácter de antojo. Mañana (digo mañana porque es lo próximo que viene, mañana tal vez son segundos) va a volver a su papel de estigma. Eso se lo sé... estoy seguro... ¿Pero que hacer al respecto?
Olvidarlo es imposible... lo mejor es enterrarlo.
Enterrarlo en el fondo de mi memoria, enterrarlo y dejarlo sin aire... enterrarlo bajo tierra, húmeda tierra... tierra negra de pantano, tierra y barro, entre musgos, hierbas malas y tréboles... bajo tierra y a oscuras por las noches, con sólo un rayo de sol, escueto, a la hora del mediodía... sí, eso... matarlo y enterrarlo...
pero con cuidado
pues aun muerte y enterrado, puede florecer.

domingo, julio 15, 2007

Terciopelo *

Sus ojos se iluminaron. La pregunta que tanto deseaba responder por fin había llegado. Se recogió un mechón de pelo que la molestaba y lo situó detrás de su oreja. Se mojó los labios suavemente, lo miró directamente a los ojos y respondió:

- No.

En este punto tan temprano del relato debo hacer una interrupción y explicar que no es que ella tuviera tales niveles de sadismo y crueldad como para estar esperando una proposición que sabía luego negaría rotundamente, sino que la pregunta había sido formulada de manera engañosa. “¿No te querés casar conmigo?”, había dicho él. Por lo tanto, ella debió responder negativamente no para afirmar la negación sino, justamente, para negarla.

Desafortunadamente, quien no había reparado en este detalle era el otro par de ojos que se encontraba aquella noche en la habitación, que inmediatamente se llenó de lágrimas y rompió en un llanto desconsolado. No había tenido tiempo de sacar de su bolsillo la pequeña caja forrada con terciopelo rojo que contenía el anillo de oro de 8 kilates.
Ella creyó que el llanto era alegría, y lloró también. Y lo abrazó. Y lo besó. (No se acordó del anillo).Y lo desvistió. Y se acostaron y durmieron juntos.
Cuando abrió los ojos él no estaba acostado a su lado. Extendió la mano y las sábanas estaban frías. Jamás lo volvió a ver.



* Texto del Sr. Lucas Lopez Winnie (amigo de la casa)

sábado, julio 14, 2007

Variante

Me aventuro a buscar la mínima alternativa, la variante escondida. Con pico y pala intentó destruir mis dientes y así dar con los conceptos que no exceden lo vulgar, pero que viven entre ellos.
No más amor y odio, no más blanco y negro... no más sol, no más luna, pero tampoco estrellas, nubes, cielos. No más rosas, ni ninguna flor. No más luminosa oscuridad perpetua y efímera. Entonces tampoco las horas, los días y sus derivados; ni el éter, el espacio y sus conjuntos. No a la muerte, no a la vida, no a la pureza, no a lo salvaje. Ella no es ángel ni demonio, no está arriba ni abajo. Y no tiene esos ojos, ni esa boca, ni aquel pelo... no es igual ni distinta, ni especial, ni mediocre. Sin sabor dulce o amargo.
Es una porción posible de matices y ocasiones, regido por azar matemático. De silueta en suspenso, en equilibrio con el borde de la cumbre a comparar. A distancia (considerable en circunstancias) de todo lo que es...
Será mi opción entonces... mientras lo sea.