lunes, septiembre 17, 2007

Cuando suenan las canciones *

Inesperado brote de ansiedad, falta de aire, ahogo, lágrimas prematuras, gemidos, quejidos, suspiros, reproches silenciosos, angustia, desesperación, admiración, anhelo, deseo, emoción, alegría, copia barata, palabras torpes, musa, música... melodías distintas y frases hermosas que me dan ganas de hacer y deshacer, crear y romper... morderte y besarte.





* Sonido ambiente: Javiera Mena

domingo, septiembre 16, 2007

Mi propia medicina

Hoy condeno las incertidumbres que solo requieren correr un riesgo. La estúpida batalla entre el bien y el mal. Obvio que elegimos ganar. Obvio que queremos vencer. Sin embargo dudamos... y en el peor de los casos, preguntamos.
-Fulanito, fulanito -dicen algunos con voz de nena pequeña que tiene intenciones de generar hasta lástima en el prójimo- que me conviene más... esto o esto*.
* Claro está que el primer "esto" es equivalente (en la metáfora mas vulgar) a oro... y el segundo "esto" a piedra.

Dedicamos tanto tiempo al debate simplón y perezoso que por momentos nos convertimos en algo realmente inútil e incompetente; siempre a la espera del bochorno final.

¿Y cuál es acaso la máxima humillación?
El momento en el que festejamos, y hasta comentamos satisfechos, nuestras propias conclusiones y/o decisiones.

Somos payasos sin gracia buscando una carcajada o peor... somos la burda imitación de un espectáculo de medio tiempo ansiando una aplauso sincero o peor... somos los que despliegan buena educación y modales, los que acentúan bien las palabras, los que algunas veces contradicen pero otras están de acuerdo, los vamos por ahí sembrando inquietudes (con la sutileza de un gato que ladra) que no pueden generar ningún pensamiento inteligente. Sí, eso somos...irritantes filobaratos quejosos y desvergonzados.

He dicho.......................................................................

domingo, septiembre 09, 2007

Carne fresca

Por primera vez se involucró, sin querer, sin optar, con dudas… pero entró. Un recipiente de porcelana antigua, sucio, muy sucio, con polvo, con manchas, lo recibió… y en él también estaban todos los otros. Distinguiéndolo a él, el resto son los otros, pero debe quedar en claro que los otros nunca aceptan su condición de “otredad”, cada uno de ellos es eje y punto de partida. Partidos entonces, fraccionados, envueltos y revueltos, confundidos, hermanos de todas las edades, apuestan por la última uva del racimo.

Asomó la cara, para mirar con los ojos, escuchar con los oídos y oler con la nariz. Pero tan agresivas y descompuestas las sensaciones, tan desagradables, que la imágenes le taparon las fosas nasales, y los ruidos lo enceguecieron, los olores le enceraron las orejas, y quedó tan inútil… tan acorde.

En el recipiente, en el caldo que los comprimía, no dejaban de ser pedazos de carne a punto de ser devorados. Siempre a la espera, desde la ignorancia, hasta la resignación. Carne muriéndose. Y él, particularmente él, carne fresca.

La vieja receta

Desesperado, recurre a la vieja receta. Tiene fe y experiencia en ella.
Desempolva los cuadernos y recolecta momentos pasados, sucesos destacados en los márgenes de las hojas descuidadas. Elije entres las mil voces que ahora le hablan. Bautiza a dos personajes que delaten algún juego de palabras. Los involucra en un tiempo análogo y algún lugar deseado. Los obliga a hablar.
Él repite un sinfín de expresiones carentes de estilo, pero que sin duda roban desde una sonrisa (pasando por un beso) hasta un corazón. Ella sólo se enamora.
Él se arriesga, corre, salta, mata, salva, llora (porque es sensible), crea, regala, da...
Ella admira, festeja, sonríe, disfruta, pide (porque necesita), goza, recibe, ama...

Y luego deja de escribir.
Cuando encuentra en las palabras ordenadas el mensaje en clave, abandona (algo satisfecho) la pluma. Publica el resultado (lo expone en donde pueda)... y luego se sienta a esperar.