Derrumbando mitos y leyendas... así transcurre la vida. Desprestigiando a aquella ex- voz interior, a aquel narrador de consejos. La filosofía del ídolo corriendo en busca de la atención del fanático, antes era tortuga y ahora es libre, que antes era abeja... y ahora está avispado.
Sin embargo, la vida no es una clase más de Kung Fu; no hay un maestro y su pequeño saltamontes (aunque las similitudes a veces nos hacen creer que sí). La diferencia no está en lo mas superficial, o en la "simple vista", sino en el interior más vulgar del asunto. El profeta de la vida, o a aquel al que hoy traigo, no es más que un imitador de algún otro conocedor de "verdades". Cual peregrino, mártir, o personaje televisivo, reparte conceptos, decisiones, posturas a tomar, que no son más que obviedades decoradas con luces intermitentes (llaman la atención, pero no te dejan ver nada claramente)... en otras palabras, estos cualunques son españoles que reparten vidrios de colores...
¿Pero que hay de los indios?
Existen... sí, ahí están. Caen una y otro vez frente a los cuentos de estos sujetos. Les obedecen, los idolatran, y "metaforicamente" también le dan uvas en la boca. Pero no hacen esto, y eso es importante aclararlo, como esclavos, sino que con ganas, y hasta con culpa (creen que no merecen tanta consideración).
Entonces, y volviendo al tema (y para concluir también) la vida es una constante cadena de superación donde adoramos y desmerecemos a oradores con coronas (a las cuales como perros obedientes, les quitamos antes las espinas)
domingo, octubre 21, 2007
lunes, octubre 15, 2007
Sonrisa
Pero si es cierto que fue su sonrisa... ya que frente a su belleza solo me quede atonito, y viendola bailar (bailando conmigo) solo atiné a contemplarla. Es así que determino que fue su sonrisa. No estaba todo el tiempo dibujada en su rostro, no era abusiva en ese sentido. Esporádicamente, intermitentemente (justificadamente), frente al acto encantador (cualquiera que fuese), aparecía acompañando a sus ojos que se achicaban (y achinaban) y sus pómulos que reclamaban protagonismo.
Trate de estar a la altura de la situación, esbozando siluetas de... pero era entre torpe y atolondrado. Era mi sonrisa o larga, o confusa, o desubicada y tan lejos de de ser atractiva, era repulsiva.
Entonces decidí dejar de intentar, opté por caer hipnotizado, por gozar de la inspiración, por decidarle un texto, y hacerle saber que si aun pienso en ella... fue por su sonrisa.
Trate de estar a la altura de la situación, esbozando siluetas de... pero era entre torpe y atolondrado. Era mi sonrisa o larga, o confusa, o desubicada y tan lejos de de ser atractiva, era repulsiva.
Entonces decidí dejar de intentar, opté por caer hipnotizado, por gozar de la inspiración, por decidarle un texto, y hacerle saber que si aun pienso en ella... fue por su sonrisa.
... de vida
Comienza cerrando la mano, concluye en puño. Intimidantes nudillos de dedos con anillos, que se preparan para un golpe, reciben antes un beso (una muestra de afecto). El aire ayuda y la piña recibe doble envión. Un ráfaga de viento (extensa y feroz) es cómplice del ataque y se lleva consigo el grito de la víctima... aunque no evite el estruendo de la caída.
El atacante observa al malherido. Lo escupe respetando cierto rito. Lo amanza e insulta (a veces al unísono). El atacado dejó de prestarle atención aun antes del derechazo... estaba "viendo" como su vida pasaba delante suyo.
Sus primeros años, sus primeros pasos, sus priemeras palabras... sus primeros todos... y empezó con los segundos... su segunda experiencia sexual y vino el golpe su segundo trabajo y comenzó a caer su segundo antes y se estrelló contra el suelo y gritó y lo embistió una ráfaga de viento y ahí se fueron... su dolor, su grito, el viento... y sus últimos segundos de vida.
El atacante observa al malherido. Lo escupe respetando cierto rito. Lo amanza e insulta (a veces al unísono). El atacado dejó de prestarle atención aun antes del derechazo... estaba "viendo" como su vida pasaba delante suyo.
Sus primeros años, sus primeros pasos, sus priemeras palabras... sus primeros todos... y empezó con los segundos... su segunda experiencia sexual y vino el golpe su segundo trabajo y comenzó a caer su segundo antes y se estrelló contra el suelo y gritó y lo embistió una ráfaga de viento y ahí se fueron... su dolor, su grito, el viento... y sus últimos segundos de vida.
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