"Cuando te des un buen golpe...", "te vas a chocar", "te vas a dar la cabeza contra la pared".
Aprender es sin duda una cuestión de golpes. Uno aprende del error (especialmente del que duele).
Cuidado al cerrar la puerta del baúl, se te pueden caer las llaves adentro. Y se te cayeron nomás... (y más de una vez).
Cuidado al cerrar la puerta del baúl, te podes cerrar la puerta en lo dedos. Y te la cerraste nomás... (y por eso hace 35 años que viajes en el 76 todos los días).
Es una cuestión inevitable. El día que te roban te empezás a cuidar, el día que te lastimás te empezás a cuidar... (NO ESPERES A QUE TE EMBARECEN!!).
Reflexionemos:
a) Porque nos duele (y no nos gusta el dolor) aprendemos
b) Porque nos duele (y no nos gusta que nos duela, y que el otro hijo de puta ese se cague de la risa, entonces la sed de venganza invade nuestro cuerpo... y ya vas a ver quien no sabe nadar forro... sí, a vos, el de gorrita, que te la crees tanto por usar antiparras, payaso...) aprendemos.
Lo importante de todo es (o sería) aprender. Sin embargo... ¿Cómo te explico que de los fracasos (especialmente los que incluyen algún tipo de hematoma) aprendemos? O mejor dicho... como te doy un buen chirlo mientras te repito una y mil veces que de los errores se aprende, que cuidado al cruzar la calle, que ojo con el agua caliente, que no te metas en la parte profunda si no sabés nadar, que te vas a ahogar, que te lo dije mamerto eh... pero no escuchas... ojalá que esto te sirva de lección.
Sir Clotò
miércoles, febrero 20, 2008
Columna de Sir Clotò (1º entrega)
La explicación más lógica, suele ser la correcta. Las mil y una posibilidades que le siguen a: "en mi bolsillo" son las que nos delatan. Barajar opciones implica, aunque a veces no lo parezca, que somos capaces.
La capacidad siempre suena alentadora: "sos muy capaz", "me sorprende tu capacidad"; sin embargo no hay que olvidarse del famoso reproche: "no pensé que pudieses ser capaz".
Entonces las capacidades pueden jugarnos malas pasadas. Capaz de robar, de mentir, capaz de esconder, de ocultar, capaz de traicionar, de osar... de siquiera pensar.
Pensar en que podríamos llegar (y retomo entonces las mil y una posibilidades que nuestra cabeza ideó) es el peor de nuestros errores (bah, en realidad el peor es... PENSAR EN VOZ ALTA).
"Soy capaz de haber dicho eso", "soy capaz de haber hecho eso" ..................................... "Capaz que lo hice"
Dudar de los capaces es sentenciarnos. No importa como concluya la historia, dimos el tiempo para que nosotros (los capaces) y todos los demás, piensen en las posibles consecuencias (y los castigos aplicables).
Al fin y al cabo, solo somos capaces de lo que hacemos, en el momento en que lo hacemos. Decir que somos capaces de algo es casi tan azaroso como asegurar que mañana sale el 34... puede salir y puede no salir.
¿En que concluye todo esto? Mejor reservarnos, hablar poco, hacer más... y por nada del mundo, jugarle al 34.
Sir Clotò.
La capacidad siempre suena alentadora: "sos muy capaz", "me sorprende tu capacidad"; sin embargo no hay que olvidarse del famoso reproche: "no pensé que pudieses ser capaz".
Entonces las capacidades pueden jugarnos malas pasadas. Capaz de robar, de mentir, capaz de esconder, de ocultar, capaz de traicionar, de osar... de siquiera pensar.
Pensar en que podríamos llegar (y retomo entonces las mil y una posibilidades que nuestra cabeza ideó) es el peor de nuestros errores (bah, en realidad el peor es... PENSAR EN VOZ ALTA).
"Soy capaz de haber dicho eso", "soy capaz de haber hecho eso" ..................................... "Capaz que lo hice"
Dudar de los capaces es sentenciarnos. No importa como concluya la historia, dimos el tiempo para que nosotros (los capaces) y todos los demás, piensen en las posibles consecuencias (y los castigos aplicables).
Al fin y al cabo, solo somos capaces de lo que hacemos, en el momento en que lo hacemos. Decir que somos capaces de algo es casi tan azaroso como asegurar que mañana sale el 34... puede salir y puede no salir.
¿En que concluye todo esto? Mejor reservarnos, hablar poco, hacer más... y por nada del mundo, jugarle al 34.
Sir Clotò.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)