domingo, marzo 25, 2007

Jugo de limón

A veces no está inspirado, pero sin embargo escribe igual.
Se le ocurren dos frases lindas, una palabra atractiva y una idea (o excusa).
A veces gusta, a veces no tanto... pero sólo eso.
A veces escribe y se le antoja jugo de limón.
El jugo de limón no lo refresca, pero le gusta... solo eso...
aunque para mi, más que un antojo... es una excusa.

Noche/anoche

Las palabras de hoy son mías, me pertenecen. Las articulo a mi antojo. Entonces no te sorprende que noche y anoche sean lo mismo, que beso y deseo tengan un final de cama.
Es posible que te extrañe la ausencia del "extraño", pero hoy no me nace. Lo reemplazo con un "recuerdo", con cicatrices, manchas, olores.
Y no te pido permiso para párrafos cortos y marea de sinónimos... hoy no dudo y me divierto así.
Y anoche/noche... ¿cómo nos divertimos? Perdidos en el beso/deseo dimos las mil y una vueltas, cerraba los ojos y todo perdía estabilidad. "Recuerdo" pedir tiempo, decir basta, me caía con vos arriba, nos caíamos. Pareció gracioso porque en mi cabeza había un anécdota de cerveza cayendo en mi pantalón... y de cerveza en el aire a mancha hubo tan poco tiempo (casi como el que me dí), que tuve miedo de lo brusco y agresivo, del "es" y del "fue". Pero no nos caímos, sí la cerveza, pero nosotros no... y aun así, hoy me levanté. Tanto tiempo en el suelo que la mañana se cansó y la tarde se tuvo que encargar de mí, de que estuviera bien. Y pude estarlo.

- No te escucho bien ¿podés hablar más fuerte?
- ¡Acá!
- ¿"Acá", qué?
- ¡Acá estoy!
- Es verdad, no te había visto... aunque tu aliento me dio una pista.
(y nos reímos... y despues de la carcajada me comí un chicle de olor a menta)

Igual, debo serte sincero... todavía no encuentro las cicatrices...
Aunque aun las busque, fallo...


¿será que no me habré lastimado?

jueves, marzo 01, 2007

Azar

Lo resolverían con un juego de azar, así lo presentaron, así lo aceptaron. Uno ofrecía cancelar una deuda, el otro algo menos valioso, su vida. Las reglas eran simples, básicas y hasta estúpidas. Cada uno arrojaría un dado y el que sacase el número mayor ganaría. En caso de empate, se volvería a realizar la misma maniobra, alternando el orden de los lanzadores (quién hubiese sido primero, ahora sería segundo, y viceversa). Para determinar quien se encargaría de iniciar el juego, una tercera persona, imparcial (tal vez aquí falló todo), escondería una moneda en una de sus manos, las cuales luego ocultaría tras su espalda. Los contrincantes escribirían en un papel la mano que prefiriesen y a menos que coincidieran las opciones escogidas (en tal caso se repetiría la secuencia de escribir y comparar luego), se procedería a develar el misterio y aquel tercero mostraría donde guardaba la moneda. Aquel que hubiese acertado vería rodar su dado primero.

Uno escribió derecha, el otro izquierda. La moneda estaba en la izquierda. El que había elegido dicha mano lanzó su dado y sacó un 4. El que había optado por la derecha sacó un 2, volvió a equivocarse y perdió tanto el juego como su vida.

Aun hoy, los que lo conocieron debaten si fue el azar o el destino. Siempre debaten.

El perfume

Era el olor a una porción de pan fresco en contacto con leche tibia, era el aroma de ropa almidona, era el hedor de los cuerpos superpuestos y su fricción, era el perfume de Patrick Süskind.