Lo vio tendido y lo supo muerto, a lo lejos, a mediana distancia, a los pocos pasos que aun no se animaba a dar. Cadáver sencillo, entre pálido y violáceo, entre tranquilo y perturbado, perfectamente acostado, correctamente revuelto, una mano sobre y otra bajo el pecho, una pierna estirada y la otra aun corriendo, escapando, la cabeza señalando el oeste, sus ojos mirando al sur (siempre mirando hacia el sur) y en la boca medio grito.
Se acercó al muerto, a su amigo muerto y en el camino tropezó y dudó infinitas, por lo cual incontables veces. Le tomó el pulso… en realidad, solo lo buscó. Se percató de revisar todos aquellos lugares que sabía evidenciarían vida alguna, aun cerca de la ingle. Eso implicó desnudarlo, desabrochar la camisa ajustada, de botones impares, aunque con uno ausente (el tercero desde el nudo de la corbata), quitarle los pantalones a un hombre (poniendo a prueba tontos honores), como así también los zapatos, las medias y todo aquello que cubriese su cuerpo asfixiado. Lo confirmó entonces extinto, acabado.
Decidió irse, en paz, dejando a la gracia de Dios el trabajo de guiar a su compañero al edén, a la maravilla de la eternidad, donde los vinos siempre saben bien, las mujeres ostentan cabellos sedosos y los huesos se vuelven mas firmes y resistentes. Se lo imaginó un instante, lo aprovecho en toda su instantánea extensión y muy profundamente lo envidió… y entonces tuvo miedo y aun más.
Terror de que dicho viaje no pudiera llevarse a cabo, de que su amigo quedara estancado ahí, sobre esas baldosas insulsas y terrenales. Cómo podría lo más inmóvil, lo más débil, atravesar los cielos, elevarse, volar, atravesar el universo, deslizarse, flotar… cómo podría atravesar la carne, superarse, traspasar. Decidió volver hasta él y en el camino no tembló, no vaciló. Era su deber socorrerlo.
Fue hacia a sus ojos primero, luego hacia el sur y así miraron juntos una vez más como el viento llega, se va… vuelve.
Sin pensar le acarició el pecho, lo sintió, lo absorbió… lo perforó. Lo abrió entonces, por lo más cercano al medio que su pulso le permitió. Lo destrozó brutal y salvajemente, desespera y ansiosamente. Lo desgarró con uñas, cuchillos, sierras… dientes. Cada vez mas sangre, cada vez mas abierto. Hundió las manos entre tripas, entre todo, entre "eso". Todo lo que pudo sacar, cortar, extirpar… sacó, cortó, extirpó.
Lo vació. Lo dejó libre. Lo ayudó preparando el camino para que su alma llegara al destino que Dios le había fijado… el largo camino.
lunes, febrero 26, 2007
jueves, febrero 22, 2007
Contagio
Con la boca cerrada, con la boca muerta, tomo entre mis manos sus manos y le contagio temperatura, calor, sudor, dedos, uñas. Las sofoco y protejo, las aíslo y me contagia huesos, piel, carne, venas, sangre. Nos corrompo y deformo, nos mimetizo y nos contagiamos historias, recuerdos, amores, principios, finales. Con la boca abierta, con la muerte en boca, sueltan mis manos sus manos y nos enfermamos del todo.
miércoles, febrero 21, 2007
El búho
Tenía el sueño recurrente de un búho sobre la rama de un árbol de dudosa contextura, de colores callados. El búho se encargaba del no movimiento, de detener las brizas, siempre con los ojos abiertos. Todas las noches trabaja por la calma, transmitiendo calma, haciendo amenas las noches (cualquier noche). Él sabía que era cuestión de cerrar los ojos, esperar quien sabe que fracción de tiempo para que luego apareciera la rama, después su origen y de la nada misma, de su hogar, el búho. Del mismo modo, era consiente de que sólo una campana lejana, de tierras mas reales, con árboles mas grotescos, era suficiente para que el búho desaparecería, así como vino, a la nada, a su hogar.
El hombre soñaba con el búho todas las noches, menos lo sábados y domingos, o las vísperas de feriados... o cuando el búho se tomaba vacaciones.
El hombre soñaba con el búho todas las noches, menos lo sábados y domingos, o las vísperas de feriados... o cuando el búho se tomaba vacaciones.
sábado, febrero 17, 2007
Carmela
Imposible olvidar a Carmela, única señora con nombre propio, mujer de tacos altos y labios rojos. De paso correcto, estrecho y a la vez delicado, Carmela es la presencia que se impone y muerde... y a veces duele. Envuelve desde lejos y a los hombres marea porque es el viento en las aguas... y a veces paraguas. Tiene todos los años y no envejece, experimenta. Desparrama aventuras y ocasos, lencería fina, mujeres adversas, carmelas. Es sal y pimienta, es medidas justas y exageradas. Es utópica, es onírica, es un poco más.
No conozco a nadie que haya estado con ella... pero sospecho que estuvo con todos.
No conozco a nadie que haya estado con ella... pero sospecho que estuvo con todos.
jueves, febrero 15, 2007
Hacia
Hacia abajo, hacia el sur... hacia donde se congestionan los pensamientos, el deseo banal y el heroico, la incertidumbre, la dualidad, donde hibernan las acusaciones sin respuesta, caen verticalmente las certezas y el agua moja porque moja... pero a mí... ¿por qué me moja? Porque lo hace también la sangre.
Hacia eso, hacia entonces... hacia donde somos porque creo pero perecemos porque siento y es miedo... y los contornos no delimitan, asfixian, los nombre encierran y ahogan, el alma tuya es un suspiro y es mi interpretación sobre ella la que deambula y a veces me acaricia la espalda y en el frío me abriga.
Hacia todo, hacia juntos... hacia donde no existen las arañas porque odiamos la arañas, pero existe el odio y la sombra vacila en atacar, vence con su presencia, nos gana tiempo, horas, noches, un dolor de cabeza y otra piedra en el camino, que por momento es eterno, que si no lo oigo lo desmiento.
Hacia ahora, hacia nunca... hacia donde podamos atraparnos pero luego escapar, la desesperación debe ser abatida, la ansiedad, las palabras trabalenguas, las que no bajan de la cabeza, las que horrorizan, los planes macabros, los desnudos que visto y desvisto por el placer de hacerlo, los que invento, los que he visto.
Hacia por, hacia para... hacia donde lloro porque escribo y lloro porque leo, oraciones mutiladas de mi mente en llamas, sospecha e incrimina, es culpable, confiesa bajo juramento, miente pero advierte, es idiota, es evidente, es melodía disonante, encaprichada que incursiona y se entromete y busca abajo... en el sur... donde se congestionan los pensamientos...
Hacia eso, hacia entonces... hacia donde somos porque creo pero perecemos porque siento y es miedo... y los contornos no delimitan, asfixian, los nombre encierran y ahogan, el alma tuya es un suspiro y es mi interpretación sobre ella la que deambula y a veces me acaricia la espalda y en el frío me abriga.
Hacia todo, hacia juntos... hacia donde no existen las arañas porque odiamos la arañas, pero existe el odio y la sombra vacila en atacar, vence con su presencia, nos gana tiempo, horas, noches, un dolor de cabeza y otra piedra en el camino, que por momento es eterno, que si no lo oigo lo desmiento.
Hacia ahora, hacia nunca... hacia donde podamos atraparnos pero luego escapar, la desesperación debe ser abatida, la ansiedad, las palabras trabalenguas, las que no bajan de la cabeza, las que horrorizan, los planes macabros, los desnudos que visto y desvisto por el placer de hacerlo, los que invento, los que he visto.
Hacia por, hacia para... hacia donde lloro porque escribo y lloro porque leo, oraciones mutiladas de mi mente en llamas, sospecha e incrimina, es culpable, confiesa bajo juramento, miente pero advierte, es idiota, es evidente, es melodía disonante, encaprichada que incursiona y se entromete y busca abajo... en el sur... donde se congestionan los pensamientos...
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