Obedientes discípulas, forman un círculo de histérica perfección frente a su orador. Sumisas pupilas, se disponen (se someten) sin quejas ante el sermón del Sr. (Don o como sea). Fieles alumnas, oyen, aprenden y memorizan, para luego repetir, explicar e inculcar las enseñanzas de su maestro.
Externos revoloteadores, agitadores malnacidos, que van atentando contra la mítica figura del jeque. Coquetean con las aprendices y le ofrecen un sinfín de banales manjares, poco pretenciosos, tangibles, concretos, placeres auténticos, etéreos... pero reales.
Es en la incertidumbre de las esclavas donde el perfecto sistema de reproducción de esta nueva forma de vida, es atentada. El Dios este... de palabra santa... tambalea en su trono, ataca la conciencia de sus chicas (en un último intento de conservar su rebaño) y dice palabras que riman un conjuro.
Hechizadas algunas, siguen bebiendo de esa sopa (con ojos de rana), rebeldes las otras son desterradas... y, metafóricamente, convertidas en ranas (aunque no lo parezcan).
martes, noviembre 27, 2007
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