domingo, septiembre 09, 2007

Carne fresca

Por primera vez se involucró, sin querer, sin optar, con dudas… pero entró. Un recipiente de porcelana antigua, sucio, muy sucio, con polvo, con manchas, lo recibió… y en él también estaban todos los otros. Distinguiéndolo a él, el resto son los otros, pero debe quedar en claro que los otros nunca aceptan su condición de “otredad”, cada uno de ellos es eje y punto de partida. Partidos entonces, fraccionados, envueltos y revueltos, confundidos, hermanos de todas las edades, apuestan por la última uva del racimo.

Asomó la cara, para mirar con los ojos, escuchar con los oídos y oler con la nariz. Pero tan agresivas y descompuestas las sensaciones, tan desagradables, que la imágenes le taparon las fosas nasales, y los ruidos lo enceguecieron, los olores le enceraron las orejas, y quedó tan inútil… tan acorde.

En el recipiente, en el caldo que los comprimía, no dejaban de ser pedazos de carne a punto de ser devorados. Siempre a la espera, desde la ignorancia, hasta la resignación. Carne muriéndose. Y él, particularmente él, carne fresca.

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