Derrumbando mitos y leyendas... así transcurre la vida. Desprestigiando a aquella ex- voz interior, a aquel narrador de consejos. La filosofía del ídolo corriendo en busca de la atención del fanático, antes era tortuga y ahora es libre, que antes era abeja... y ahora está avispado.
Sin embargo, la vida no es una clase más de Kung Fu; no hay un maestro y su pequeño saltamontes (aunque las similitudes a veces nos hacen creer que sí). La diferencia no está en lo mas superficial, o en la "simple vista", sino en el interior más vulgar del asunto. El profeta de la vida, o a aquel al que hoy traigo, no es más que un imitador de algún otro conocedor de "verdades". Cual peregrino, mártir, o personaje televisivo, reparte conceptos, decisiones, posturas a tomar, que no son más que obviedades decoradas con luces intermitentes (llaman la atención, pero no te dejan ver nada claramente)... en otras palabras, estos cualunques son españoles que reparten vidrios de colores...
¿Pero que hay de los indios?
Existen... sí, ahí están. Caen una y otro vez frente a los cuentos de estos sujetos. Les obedecen, los idolatran, y "metaforicamente" también le dan uvas en la boca. Pero no hacen esto, y eso es importante aclararlo, como esclavos, sino que con ganas, y hasta con culpa (creen que no merecen tanta consideración).
Entonces, y volviendo al tema (y para concluir también) la vida es una constante cadena de superación donde adoramos y desmerecemos a oradores con coronas (a las cuales como perros obedientes, les quitamos antes las espinas)
domingo, octubre 21, 2007
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